MEDITACIONES DE RECUPERACIÓN
Un Día a la Vez


CESA DE LUCHAR

"Deja de luchar - suéltalo, relájate - y Sábete que soy Dios".
Salmo 46:10

Puedo contar con una mano las veces que en mi vida me he sentido verdaderamente relajada. Nuestra enfermedad a menudo está impulsada por el esfuerzo por controlar nuestras vidas: nos empeñamos en controlar nuestras emociones, nuestras relaciones, nuestra imagen, y hasta las “mascaras” que usamos para tratar de controlar cómo nos ve y cómo responde la gente.

Este esfuerzo por controlar la vida es como un capataz implacable y como una espada de doble filo. Rebana nuestras almas como un cuchillo y requiere que renunciemos a una equivocada e infructuosa idea de ser lo que creemos que “deberíamos ser”. He trabajado muy fuerte en tratar de moldearme para ser una persona aceptable y en el intento perdí la noción de quién soy en realidad. Mis incansables esfuerzos por moldearme a mí misma en lo que creí debía ser me ha costado mi verdadero sentido de ser yo misma y ha sido una dolorosa erosión de mi propia identidad. Ha sido un trágico suicidio de mi Alma, impuesto por mí misma.

Como muchos de nosotros, para entrar en la recuperación, he tenido que llegar al final de mí misma y perder el sentido de control que tenía de mi vida. Esto fue aterrador porque creí que aún con un falso sentido del control, mi vida explotaría y me dejaría en ruinas.

Pero no he explotado, ni tampoco me he destruído. Al caerse la máscara y mi esfuerzo frenético por controlar todo, he encontrado una sorprendente fuente de paz y seguridad aún en medio del caos. Estoy convencida de que si Dios no me hubiera llevado hasta el límite de mis esfuerzos, no estaría hoy en un lugar en donde hoy puedo escuchar Su Voz. Mis oídos permenecerían sordos a sus promesas de nunca abandonarme. Si él no me hubiera llamado la atención de manera firme, pero a la vez gentil, mi mente inestable seguiría gritando advertencias y mandatos a mi alma marchita. Haber tocado fondo es lo mejor que me pudo haber pasado, porque aterricé no en la destrucción, sino en Sus eternos brazos amorosos.

Un día a la vez…
Elijo dejar de luchar por controlar mi vida. Y practicaré el quedarme quieta, sabiendo que mi Poder Superior está conmigo todo el tiempo, en cualquier circunstancia de mi vida.



Contribución Haydee


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